Restaurante patio chico santander

Agradable decoración en tonos claros y un puñado de mesas dan cobertura a una cocina sencilla pero bien trabajada. Platos de la mar, de la tierra y de la huerta conforman una carta corta aunque cumplida pensada para picar y compartir y en la que también hay espacio para las hamburguesas. Casimiro Sainz, 11 Tlf. Al estilo de los pubs ingleses, el local propone tablas de embutidos con ensalada de tomatitos, de quesos o de salmón, ensaladilla de langostinos y otros productos de picoteo para paladear en una atmósfera tranquila y agradable.

A las espaldas de Castelar, este pequeño restaurante ofrece cuidadas viandas del mar y la tierra. José, su propietario, siempre solícito, lidera un servicio atento y profesional. Popular barra y pequeña terraza con mesas altas. Tradición y calidad enfrente de la bahía. Raciones generosas, exquisitos pescados salvajes y jugosas carnes de Cantabria.

Atención especial a los postres. Terraza cubierta en los meses estivales. Cuatro inquietos italianos con ganas —Timmy Moral, Diego Humberto y su hijo Víctor y Andrea Gazziero— capitanean con cercanía y buen trato este local de planta cuadrada, holgada terraza y ligero ambiente industrial.

También desayunos. De proa a los vientos del sur y a la bahía, este negocio de profunda herencia pesquera es uno de los exponentes de la alta cocina local. La cocina del pincho en Santander. Paseo de Pereda, 37 Cerrado los lunes en invierno Menos de 25 euros. Espacioso establecimiento centenario presidido por grandes cubas y tinajas de vino en el que saborear platos, raciones y cazuelitas de comida casera. Dispone de comedor privado y de una interesante programación musical. A vueltas de Puertochico, este mesón de toda la vida con dos pequeños comedores propone una correcta cocina sin adornos ni florituras de evidentes tintes marineros en la que resalta la merluza.

Nueva y amplia terraza con vistas al mar en un extremo de la plaza. Zacarías Puente da nombre a este restaurante con patio interior y varios ambientes que recientemente ha dado un vuelco a sus tradicionales propuestas gastronómicas. Propuestas novedosas participan de una carta en la que también hay sitio para apuestas menos arriesgadas.

Barra movida y mesas altas para picar algo en la calle. Pequeño local de vinos y tapas gobernado con solvencia y buen hacer por su propietario, Carlos. Buena comida casera a precios asequibles servida con gracia en apenas tres mesas de cuatro o seis mesas de dos ubicadas tras unos biombos.

Carrilleras de ternera o de cerdo ibérico, rabo estofado y callos dominan las preferencias de una carta exigua pero muy sabrosa. De postre, queso y unos deliciosos helados procedentes de la heladería italiana de enfrente. El joven Javier de la Vega lidera este nuevo proyecto con nombre de juego infantil en lo que fue una antigua fontanería.

Convertido por méritos propios en un referente de esta popular calle de bares y vinos, este conocido y frecuentado bar-restaurante ofrece una apetecible cocina a precios razonables. Servicio eficaz y cordial. Peña Herbosa, 19 Tlf. Considerado el primer bar de esta calle, desde hace un lustro vive una segunda época dorada de la mano del hostelero local, Carlos Crespo, que ha sabido conjugar el sabor añejo de paredes repletas de antiguas fotografías con una fresca y moderna decoración de indudable gusto y cuidada iluminación.

12 menús del día para comerse Santander

Platos y raciones de siempre en un ambiente actual y desenfadado. Cordial y profesional servicio. Peña Herbosa, 17 Tlf. Restaurante heredero de la antigua Casa Albo de decoración sencilla y trato familiar. La carta, en la que no faltan una buena selección de entrantes, pescados y carnes, destaca su especialidad en arroces.

Admite cenas de grupo para cualquier día de la semana. Peña Herbosa, 15 Tlf.

Puertochico – Comer en Santander

Restaurante en dos alturas de cocina tradicional con toques de autor al que Carlos, su propietario, concede su particular y cercano sello personal. La animada barra de la parte inferior da paso a un comedor bien vestido en maderas y con vigas vistas con una bonita iluminación. Massimiliano, un inquieto milanés afincado en Santander, y su mujer Pepa abanderan una de las sorpresas agradables del panorama gastronómico local con este acogedor y recogido establecimiento que fusiona lo mejor del arte culinario japonés y sudamericano.

Cocina nikkei de altos vuelos y gratas sensaciones a precios razonables. Buena carta de cócteles de fruta fresca elaborados al momento. Ofrece comida para llevar y servicio a domicilio. Personal amable y eficaz. Peña Herbosa, 11 Tlf. Las ostras de orígenes dispares son el principal atractivo de este agradable y bonito establecimiento de reciente apertura e indiscutible tirón regentado con profesionalidad por dos jóvenes hermanos, Jaret y Giselle. Moluscos rugosos procedentes de San Vicente de la Barquera, Francia, Irlanda o Escocia conforman una oferta que se completa con otras delicatessen.

Sirven medios gin tonic y buenos tragos cortos y largos. El nombre de dos embarcaciones de la familia sirven al propietario de este nuevo y sugerente local con sabor a pescadería para arropar una interesante propuesta gastronómica centrada en los pescados ahumados y en los productos frescos exquisito el queso de burrata con pesto y de temporada. Peña Herbosa, 9 Tlf. Los cocidos montañés y lebaniego, cuya preparación alternan durante la semana, dan por sí solos sentido a una carta en la que sobresale el lomo de Potes y otras viandas contundentes de exquisita elaboración casera.

Mención aparte merece el queso picón que sirven de tapa y despachan sin parar y que constituye todo un manjar cremoso de inconfundible sabor y textura.

Excelente pan, buenos postres y mejor té del puerto. Se recomienda reservar. Pequeño y concurrido restaurante centrado en las carnes y otros productos a la parrilla. La sidra comparte protagonismo con los vinos en una frecuentada barra.

Patiochico Bar & Picoteo, Santander

Pequeño y acogedor restaurante de paredes blancas con sucursal en la madrileña calle de Zurbano. Cocina creativa y de mercado a precios asumibles. Arroces, platos de cuchara y una variedad de entrantes rematan una carta no muy extensa pero suficientemente sugerente. Servicio atento y profesional. Bonifaz, 22 Tlf.

Propuestas de comida de verdad y recetas de siempre convertidos en nuevos platos pensados para compartir o disfrutar individualmente de principio a fin.

Pantaleón Arce lidera este nuevo proyecto gastronómico en un atractivo envoltorio de antiguo bodegón con paredes de piedra y ladrillo redecorado con mucho acierto y estilo. Amplia selección de quesos y embutidos. Carta especial para celiacos. Bonifaz, 9 Tlf. Cocina casera y honesta en la que destacan las propuestas caseras y tradicionales. Barra concurrida y buena separación entre mesas.

Ambiente joven y servicio atento y muy dispuesto.


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Bonifaz, 5 Tlf. El chef Fran Jerez apadrina con buen ojo y mejor criterio este original, seductor y singular espacio de formación culinaria que convierte la gastronomía en toda una experiencia. Para los que buscan divertirse y aprender entre fogones. Atento y eficaz servicio. Pinchos y raciones elaborados al momento a precios competitivos.

El establecimiento cuenta con otro local en la calle Vargas.

Inicio de sesión

Aceptan encargos para llevar. El Chumarru. Bodegas San Fermín. Casa Silvio.

Menu Legal

Magnolia Bar. El Marucho. Asador Lechazo Aranda.


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La Mulata. Sol, 47 Tlf. El Sol. Santa Lucía, 32 Tlf. Querida Margarita. Andrés del Río, 7 Tlf. El Serbal. Casimiro Sainz, 8 Tlf. Recuerdo perfectamente la primera vez que vi este local, bajaba por la Cuesta de las Cadenas y no podía creer que un local con tanto potencial no estuviera ocupado hace tiempo. Nuestra casa, era a la vez estudio de interiorismo y espacio para eventos, y sabíamos que esa parte del ocio era fundamental en la evolución del local. Así que ganó nuestra pasión por la arquitectura y el diseño, y decidimos darle vida de verdad, a uno de los mejores locales de Santander.

La familia Revert se enamoró como lo hicimos nosotras de las vibraciones y del buen rollo que desprendía el local, de la zona, y también les gustaba el toque que le habíamos dado al espacio. Potenciar los huecos de las fachadas, la barra presidiendo el centro, a un lado banco corrido y al otro mesa informal.